Dos. Tres. Diez. Veinte. Treinta. Cuarenta. Podrían ser más. Y podrían ser menos. Lo que cuenta es que los metros cuadrados de nuestra cocina no son ninguno de estos. Como mucho, podrían ser alguno o parte de otro, porque son once. Son el primero de todos los números capicúa. Y como ellos, también cada uno de estos primer, segundo, tercero y hasta el undécimo metro tienen su propia historia.

En 1999, un tiempo antes de abrir, nuestro local estaba en obras. Un día cualquiera, Julia entró y vio el espacio reservado para la cocina. Con un “esta cociña é moi pequeña” llamó la atención de Pepe. La respuesta de él no se hizo esperar: “para catro bocadillos que vas preparar, han de che chegar”, exclamó.

Así se zanjó la diferencia de opiniones sobre los metros cuadrados. Podría haberse quedado ahí. Pero no lo hizo. Para bien. Para bien porque el pronóstico de Pepe no se cumplió y, como Julia había vaticinado, por suerte la cocina se ha quedado pequeña. Es cierto que en el día a día, las ollas se nos agolpan y los platos a veces se nos amontonan. Once metros cuadrados dan para lo que dan.

Pero son nuestros once metros. Esos que un día parecían bastar porque la aventura de abrir en A Estrada era, precisamente eso, una aventura de cuyo éxito no teníamos certeza. Esos, también, que nos han demostrado que a veces lo que creemos nos sorprende para demostrarnos lo grandes que pueden ser solo once metros cuadrados.